La mayoría de las empresas familiares españolas renuncian a repartir dividendos y destinan los beneficios a financiarse.

Las empresas familiares presentan una serie de singularidades que las hacen diferentes de las no familiares y que han marcado de manera sustancial su evolución económico-financiera en los últimos años. En primer lugar, su principal objetivo es la supervivencia de la propia empresa, en contraposición con las metas de tipo económico –rentabilidad, beneficio, etc.- que guían las actuaciones de las compañías no familiares. Es quizá por esto que la mayoría de las empresas familiares –en concreto cerca del 60 por ciento- renuncian a repartir beneficios, optando por la reinversión directa de los mismos. Éstos y otros datos forman parte de un exhaustivo estudio titulado Factores de Competitividad y Análisis Financiero en la Empresa Familiar, elaborado por el Instituto de la Empresa Familiar (IEF) y su Red de Cátedras de Empresa Familiar y que ha contado con el patrocinio del Banco Santander, y cuya principal conclusión es que las empresas familiares españolas han aprovechado los primeros años de la recuperación económica para reducir endeudamiento, aumentar sus plantillas y mejorar la productividad y la rentabilidad. En la presentación del informe, que ha tenido lugar hoy en Madrid, han participado Juan Corona (director general del IEF), José Juan Pérez-Tabernero (director de Relaciones Institucionales y Comunicación de Santander España), María Concepción López (directora de la Cátedra Santander de Empresa Familiar de la Universidad de Cantabria), Lázaro Rodríguez (director de la Cátedra Santander de Empresa Familiar de la Universidad de Granada), Ignacio Requejo (profesor de la Cátedra Santander de Empresa Familiar de la Universidad de Salamanca) y Esteban Sastre (director de Economía y Empresa del IEF). Valores con retorno económico Juan Corona, director general del Instituto de la Empresa Familiar, ha asegurado que “como todas las empresas, la rentabilidad es uno de los principales objetivos de las empresas familiares; sin embargo, también se caracterizan por compartir unos valores, unos principios y una cultura en donde la prudencia, la austeridad, la visión de largo plazo, o el compromiso con el entorno constituyen parte de su ADN”. En este mismo sentido, Corona ha insistido en que “en un mundo cada vez más concienciado, más comprometido, donde la sostenibilidad adquiere una importancia creciente, estos valores se convierten en una parte intangible de sus activos y pueden tener su retorno a largo plazo, algo que ya se observa en las empresas familiares de mayor dimensión”. “Familia es sinónimo de responsabilidad” En el prólogo del estudio, el consejero delegado de Santander España, Rami Aboukhair, asegura, por su parte, que “Familia implica sacrificio, generosidad y respeto. Implica velar por el grupo y anteponer, en muchas ocasiones, el bienestar del otro al tuyo propio. Familia es sinónimo de responsabilidad –tan necesaria en estos tiempos- y de compromiso con la sociedad. No es casual que la Empresa Familiar ofrezca una mayor estabilidad en el empleo, aún a costa de una menor rentabilidad. Constituye, por tanto, un bien social a preservar”. Asimismo, Aboukahir señala que “en Santander España, tras la incorporación del Popular, nos consideramos el banco de la empresa española, con una cuota, en el caso de las pymes, superior al 25%”. El estudio analiza una serie de factores que juegan un papel determinante en la competitividad de las empresas familiares, como son la dimensión, la formación y la innovación, al tiempo que se detiene en el impacto que los diferentes aspectos de gobierno corporativo pueden tener en el desarrollo de este tipo de compañías. De la misma manera, también repasa la evolución económico-financiera de estas empresas durante los primeros años de la recuperación tras la crisis. Para todo ello, se ha trabajado con una base de datos de más de 118.000 empresas, así como con una encuesta realizada entre 1.005 empresas significativas. Los resultados de todo este análisis desvelan algunas conclusiones dignas de destacar. Por ejemplo, que durante los primeros años de la recuperación, las empresas familiares han dado un fuerte impulso a sus ventas, que crecieron más del 10%. Incremento de la productividad Algo parecido ha sucedido con la productividad, indicador que las empresas familiares han mejorado sensiblemente, un 5%, en el periodo comprendido entre 2013 y 2015. En este sentido, los autores del informe señalan que el comportamiento de las empresas familiares durante la crisis puso de manifiesto un mantenimiento del empleo incluso en un entorno de reducción de los ingresos, por lo cual la excelente evolución de la productividad de las empresas familiares durante el bienio 2013-2015 refleja probablemente el compromiso mutuo entre empresa y trabajadores. La afirmación de que las empresas familiares son menos rentables que las no familiares se rompe cuando hablamos de las compañías con más de cien empleados. En este segmento, las empresas familiares ganan con claridad, con una rentabilidad del 8,1%. De ahí la importancia que el IEF viene dando en los últimos tiempos, a través de sus estudios y propuestas, al tema de la dimensión empresarial, consciente de que la compañías familiares españolas han de alcanzar el tamaño idóneo que les permita competir con garantías en su sector y en los mercados internacionales. Compromiso con el empleo El compromiso de las empresas familiares con el empleo, especialmente destacable durante la crisis, se ha mantenido y reforzado en estos primeros años de recuperación. Así, la plantilla total de las empresas familiares españolas ha crecido entre 2013 y 2015 un 5,3%. Las empresas familiares han reducido notablemente su dependencia de los fondos ajenos. En 2007, el ratio de endeudamiento de estas compañías era de casi el 70% (sobre los pasivos totales); ocho años después, en 2015, esta variable había descendido hasta el 52%, con un recorte de 18 puntos, digno de destacar. Esta evolución tiene su explicación, según el estudio, en dos hechos fundamentales. Por una parte, las propias dificultades de obtención de financiación ajena durante este largo periodo de crisis y, por otro lado, un cambio de estrategia de financiación que, basada en mayor medida en la obtención de recursos propios, conllevará un nivel de riesgo financiero significativamente más reducido. En este sentido, casi el 60% de las empresas familiares españolas no reparten beneficios y optan por la reinversión directa de los mismos en la propia compañía. Se calcula que las empresas familiares están financiando aproximadamente la mitad de sus inversiones con recursos no exigibles, lo que muestra el compromiso de los propietarios con el largo plazo.

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